El domingo 29 de mayo se llevaron a cabo las elecciones presidenciales. Sin embargo, debido a que, en el sistema político electoral colombiano, la Constitución de Colombia (1991) estipula la obligatoriedad de obtener más de la mitad de los votos, tendrá que realizarse una segunda vuelta. 

Artículo 190: “Si ningún candidato obtiene dicha mayoría, se celebrará una nueva votación que tendrá lugar tres semanas más tarde, en la que sólo participarán los dos candidatos que hubieren obtenido las más altas votaciones. Será declarado presidente quien obtenga el mayor número de voto”. 

En otras palabras, como ni Gustavo Petro -el candidato más votado con 40.32%-, ni Rodolfo Hernández -el segundo lugar con 28.15%-, obtuvieron más del 50% de los votos, el próximo 19 de junio, las y los colombianos tendrán que regresar a las urnas para elegir de entre estos dos, al que gobernará desde la Casa de Nariño durante los próximos 4 años.

Los resultados de las elecciones fueron una sorpresa. Por primera vez en este siglo, el “uribismo” como pilar de la política colombiana fue eliminado de la esfera política. La desgastada imagen del “todo poderoso” expresidente Álvaro Uribe (2002-2010), capaz de imponer a sus sucesores, muy al estilo priista del siglo XX en México, afectó severamentea los candidatos del establecimiento o sistema. Los cuales, ante el rechazo que genera el expresidente, tuvieron que deslindarse de este durante toda la campaña, aunque dicha estrategia no les funcionó y terminaron por desbancarsehasta el tercer y cuarto lugar. 

Otro suceso de gran relevancia fue el triunfo de la izquierda. Colombia un país distante del resto de los países latinoamericanos, tanto por su historia como por el contexto de violencia en el que ha vivido, ha sido cuna del conservadurismo y de la derecha. El país sudamericano se ha mantenido alejado de los gobiernos de izquierda, incluso cuando gran parte de los gobiernos latinoamericanos emanaron de esta a inicios del siglo XXI, en lo que se conoció como el auge de la izquierda latinoamericana.  

La fractura del Estado, el doble gobierno con los cárteles y grupos ilícitos, la corrupción, la violencia, la centralización del gobierno en la capital del país, y ahora, la precaria situación económica ha propiciado el desgaste de los candidatos del establecimiento y el apogeo de Gustavo Petro, el candidato de izquierda y el de Rodolfo Hernández, un candidato que ha logrado capitalizar la polarización existente entre el miedo a un gobierno de izquierda y a la continuidad de los gobiernos de Álvaro Uribe, Juan Manuel Santos e Iván Duque.

Si bien estas elecciones reflejan un triunfo para los candidatos del anti-sistema, el camino hacia el 19 de junio se torna bastante complicado, sobre todo, para la izquierda colombiana. Ya que la única estrategia posible de Gustavo Petro y su “Pacto Histórico” para llegar a la Casa de Nariño era ganar en primera vuelta. Ahora, lo que queda para Petro es tratar de movilizar a los abstencionistas (45%) y a los que votaron en blanco (1.73%) a que se unan a su movimiento por la vida, pues es poco probable que las personas que votaron por los otros candidatos voten por él en segunda vuelta. De lo contrario, la historia de 2018 podría repetirse.