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Un día después de los tiroteos masivos ocurridos en El Paso, Texas y Dayton, Ohio, Venezuela se convirtió en el pretexto perfecto para evitar reabrir el debate sobre el acceso y el control de armas de fuego en Estados Unidos.

El lunes por la noche, la administración Trump anunció la congelación de todos los activos del Gobierno venezolano en Estados Unidos, para disuadir a la comunidad internacional del hecho de que en menos de 13 horas, dos actos de terrorismo supremacista antiinmigrante provocaran 32 muertes y más de 50 heridos.

Al retomar la crisis política de Venezuela (tema recurrente en la política exterior trumpista), Donald Trump pretende evitar que las hipótesis sobre la responsabilidad de su discurso racista en los tiroteos lleguen a posibles votantes. Lo que hasta ahora le ha dado resultado, pues la Unión Europea ya ha expresado su rechazo a la decisión de congelar activos venezolanos, provocando que el bloqueo a Venezuela sea el nuevo tema en la agenda global.

Restarle importancia a los tiroteos, es la estrategia que los Republicanos han seguido desde hace años y que la admnistración trumpista ha copiado para evitar el debate sobre el control de las armas, mismo que se reabre después de una masacre.

Aunque tras los tiroteos, Donald Trump llamó a demócratas y republicanos a “unirse” para impulsar controles para la compra de armas dando señales de un posible apoyo en el tema, una posterior réplica al discurso de la NRA (Asociación Nacional del Rifle, por sus siglas en inglés) sobre la las enfermedades mentales, el odio, los videojuegos pero no las armas como causantes de los tiroteos masivos, cualquier posibilidad real de aumentar los controles de antecedentes o prohibir la venta de fusiles de asalto en los próximos meses se esfumó.

Pese a que la NRA, uno de los grupos de cabildeo más influyentes de EE.UU, se ha debilitado en los últimos años, su poder es todavía real. Con un líder republicano como Mitch McConnell (mismo que ha recibido contribuciones de la NRA) controlando el Senado, cualquier reforma sobre el tema de las armas seguirá bloqueada, como la iniciativa que aprobó la cámara baja en febrero pasado pero que no han sido considerada en el Senado.

Si bien, es poco probable que las contribuciones de la NRA a la campaña para la reelección de Trump en 2020 sean similares a las de 2016, también es cierto que el poder de la NRA va más allá del dinero.

La composición de los votantes de Los Republicanos, en especial de Trump, vienen de la parte más conservadora de la sociedad estadounidense, es decir, los fervientes partidarios a conservar y portar armas bajo la Segunda Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos, una ley que data de 1791, años antes de que las 13 colonias británicas se independizaran y fundaran EE.UU.

Siglos después, la controversia entre los que promueven la tenencia de armas de fuego entre civiles y los que abogan por un mayor control en el uso de armas en un país en donde hay más armas que personas, sigue sin resolverse.

Con el uso recurrente en los últimos días de la crisis económica y política de Venezuela, el “terrorismo económico” de China y el programa nuclear de Irán, es evidente que una regulación en el tema armamentístico se encuentra muy lejos. Lo que habrá que ver, es si la estrategia de evitar resolver las cuestiones internas le sigue funcionando a Donald Trump para continuar en el poder otros 4 años más.

Hasta la redacción de este artículo han ocurrido 253 tiroteos en lo que va del 2019, según datos de Gun Violence Archive, sitio web de rastreo de tiroteos en EE.UU.