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Desde el 9 de junio, la población del territorio autónomo de Hong Kong se ha manifestado contra un proyecto de ley que abre la puerta a la extradición hacia Taiwán, Macao y China continental. Aunque Hong Kong tiene acuerdos de extradición con una veintena de países, entre los que se incluyen Reino Unido y EE.UU., la polémica del proyecto reside en la compleja situación política existente entre Hong Kong y China continental.

El domingo pasado, los hongkoneses se congregaron en la quinta gran manifestación ocurrida en menos de un mes. Según datos de los organizadores, dos de esas marchas han superado el millón de manifestantes convirtiendo a ésta en la peor crisis de Hong Kong desde la “reunificación” (también conocida como “retorno” o “entrega”), superando incluso la ola de protestas de la “Revolución de los paraguas” en 2014.

En aquel entonces, la inconformidad nació de una reforma electoral que introducía el sufragio universal para elegir al jefe ejecutivo de Hong Kong (equivalente al presidente de la región), sin embargo, las candidaturas debían ser aprobadas por Partido Comunista de China (PCCh). Ni las protestas masivas que se extendieron durante meses evitaron la aprobación de dicha reforma electoral.

Foto: Katie Brinn

A simple vista pareciera que las manifestaciones ocurridas en 2014, 2016 y 2019 no están relacionadas entre sí, pero lo cierto es que todas tienen el común denominador, la compleja situación que politiza la isla de Hong Kong: perder o conservar la autonomía frente a China continental.

¿Un país, dos sistemas?

A través del Tratado de Nanking (1842), un tratado injusto firmado por el Imperio Británico y China tras la derrota del último frente al primero, en la Primera Guerra del Opio (1839-1842) el territorio de Hong Kong fue cedido al Imperio Británico como botín de guerra.

En un nuevo acuerdo firmado en 1898, la isla de Hong Kong y otros territorios fueron arrendados al Imperio Británico por un periodo de 99 años, lo que en ese entonces significaba “a perpetuidad”.

En el siglo XX, gracias a la apertura comercial iniciada por el ex presidente Deng Xiaoping, Hong Kong se desarrolló hasta el punto de convertirse en uno de los centros financieros y comerciales más importantes del mundo, transformándose en el nexo entre el mundo occidental capitalista y la China comunista.

Debido a lo anterior, en 1982 acercándose la fecha del fin del arrendamiento, Reino Unido y China iniciaron las negociaciones a cerca del futuro de Hong Kong.

De la Declaración Conjunta Chino-Británica (1984), derivó la Ley Básica de Hong Kong, la cual rige como estatuto de autonomía durante un periodo de 50 años a partir de 1997. Esta condición de autonomía con un sistema político propio, pero con un sistema económico capitalista se asentó sobre el concepto “Un país, dos sistemas” propuesto por Xiaoping.

Desde 1997, Hong Kong ha mantenido su independencia judicial y legislativa, su moneda (el dólar de Hong Kong) e incluso su idioma frente a China, sin embargo, Pekín desde el inicio de la transferencia ha basado su política en la intervención y la co-dependencia entre ambas, así Hong Kong depende de China y China de Hong Kong.

Ola de protestas ante la posible extradición a China

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La ola de manifestaciones de junio empezó cuando se propuso la extradición a Taiwán, Macao y China, debido al caso de un hongkonés de 19 años que huyó a Hong Kong para no ser extraditado ni juzgado por el homicidio de su novia ocurrido en Taiwán en febrero de 2018.

Ante el uso político que pudiera dársele a la extradición, el rechazo al proyecto de ley rápidamente generó semanas de protestas que todavía no cesan.

Los opositores al proyecto de ley alegaron que la población de China no goza de los mismos derechos y libertades de los que disponen en Hong Kong, por lo cual, de aprobarse la extradición a China, las personas estarían sujetas a detenciones arbitrarias, juicios sesgados y posiblemente tortura propiciado por el deficiente sistema judicial chino.

El gobierno autónomo (pro-Pekín) ha intentado dar garantías a la población retirando crímenes políticos, religiosos y los referentes a evasión de impuestos de la lista de extraditables. Además, ha anunciado que solo se entregaran sospechosos de crímenes con sentencias de más de siete años de cárcel, así como otras “garantías”.

Si bien el martes, Carrie Lam, jefa del gobierno autónomo, admitió que el proyecto “estaba muerto”, de manera oficial no se ha retirado el proyecto de ley. Debido a lo anterior, los manifestantes inconformes ya han anunciado nuevas protestas para los próximos días.

2047: autonomía o dependencia

Si bien en Hong Kong, las nuevas generaciones crecen en un contexto cada vez más politizado entre la independencia, la extensión del estatus especial o la pérdida de autonomía frente a China. También es cierto que desde el principio China ha hecho todo lo posible para consolidar su crecimiento económico a la par del de Hong Kong, por lo que ahora ambas son tan dependientes y están tan relacionadas entre sí que una separación abrupta sin causar un malestar al sistema económico mundial es poco probable.

Además, por la importante ubicación geoestratégica y la importancia de Hong Kong como una de las metrópolis más desarrolladas del mundo, China no puede permitirse perder a Hong Kong y que más adelante otras regiones administrativas especiales quieran hacer lo mismo.

Acercándose el 2047, el futuro de Hong Kong es incierto.