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A simple vista la propuesta del presidente Sebastián Piñera de incrementar la tarifa del metro de 800 a 830 pesos chilenos (aproximadamente 22 pesos mexicanos) detonó la peor ola de protestas en la historia reciente de Chile. Para algunas personas, lo anterior pudiese ser una “sobre-exageración”, mientras que, para otras, un llamado desesperado por ser escuchadas.

Lo cierto es el alza al metro es solo la punta del iceberg de un malestar social que viene gestándose varias administraciones atrás.

Pero ¿por qué la población chilena ha decidido salir a las calles y manifestarse justo ahora? ¿Por qué el estallido social no pudo controlarse a pesar de que Piñera anunciara la suspensión en el precio del transporte público desde el sábado?

La crisis chilena al igual que las otras que están ocurriendo simultáneamente en otros países han surgido producto de una desigualdad desmedida entre las clases adineradas y las clases con menos recursos que terminan por estancar la movilidad social pese a incrementarse la jornada laboral. Porque a pesar de que Chile sea uno de los países más ricos de la región irónicamente también uno de los más desiguales.

Aunado a lo anterior, se suma la falta de empatía y la tardía respuesta contra la violencia demostrada por el gobierno. El viernes, mientras se suscitaban las primeras manifestaciones, el presidente se encontraba celebrando el cumpleaños de su nieto en un lujoso restaurante en Vitacura (una de las zonas con mejor calidad de vida en Santiago). Por su parte, los ministros de Trabajo y Economía de la administración piñerista mostraron su brutal desconexión con la realidad de sociedad chilena promedio al sugerir levantarse más temprano para evitar las horas pico y el alza del pasaje respectivamente; lo que claramente incrementó el sentimiento de desinterés del gobierno con las problemáticas que afectan a la población mayoritaria.

Además del alza al metro, otros factores como los incrementos a las tarifas de la luz a principios de mes, los deficientes sistemas de salud y de pensiones propiciaron el caldo de cultivo perfecto para la ola de protestas, sin embargo, atreverse a militarizar Chile por primera vez desde la dictadura (Augusto Pinochet 1973 -1990) es lo que para mí detonó el peor estallido social en la historia reciente de Chile.

Probablemente Sebastián Piñera decidió que para frenar los actos vandálicos la única opción era facultar al Ejército para arrestar y disparar, “en nombre de la seguridad nacional”, sin embargo, revivir la memoria histórica del pasado dictatorial en Chile, “despertó un sentimiento” en la sociedad que le va a costar apagar. Lo más grave del caso, es que el presidente parece obstinado en continuar con esa mano dura pues apenas el día de ayer le declaró la guerra el pueblo.

“Ellos están en guerra contra todos los chilenos que quieren vivir en democracia”.

Sebastián Piñera, presidente de Chile.

A través de su discurso, Piñera quiere hacer sentir que todos los que no están a favor de su administración, son enemigos. Un recurso muy utilizado por lo políticos últimamente.

Para el caso chileno, habrá que esperar quién se cansa primero de luchar por la “democracia”, si el gobierno o los enemigos, como diría él…