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Después de 4 años -que parecerían más frente a lo ocurrido durante toda la administración trumpista- los Demócratas regresan a la Casa Blanca de la mano de Joe Biden, un demócrata que como mayor logro de su carrera tiene haber sido Vicepresidente durante los ocho años de Gobierno del expresidente, Barack Obama, logro que él mismo utilizó recurrentemente para ser designado como candidato demócrata y después, durante toda la campaña frente a su contrincante republicano y Presidente de Estados Unidos.

Como sabemos, analistas y asesores del -todavía- presidente Donald Trump, vaticinaban el triunfo de Joe Biden desde antes del inicio de la campaña, razón por la que Donald Trump culpó a Hunter Biden, el hijo de Joe Biden, de cometer actos de corrupción mientras trabajaba en una empresa ucraniana cuando su padre era el Vicepresidente; lo que derivó en la “famosa” llamada telefónica entre Donald Trump y el Presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski en julio del 2019 y que finalmente le valdría al Presidente Trump, el primer juicio político de su administración.

Los 9 meses de campaña y los 2 meses de interregno -tiempo entre el final y el inicio del siguiente mandato- finalmente terminan este miércoles con la toma de posesión de Joe Biden como el 46º presidente de los Estados Unidos y aunque la transición es irreversible pese a los caprichos y berrinches trumpistas, lo cierto es que a medida que se acerca el día de la investidura, el escenario se complica aún más, empezando porque dicha ceremonia no contará con el aforo tradicional y estará repleta de altos controles de seguridad ante las amenazas entorno a la ceremonia.

Además de lo anterior, dicho país se encuentra en uno de los momentos más severos de la pandemia, registrando el mayor número de muertes por COVID-19 a nivel mundial, por lo que es un hecho, que el tema sanitario será una prioridad para la siguiente administración, la cual planea poner en marcha un ambicioso plan de vacunación durante los primeros 100 días de gobierno, algo que definitivamente puede complicarse ante la desconfianza que generan las vacunas en algunos sectores de la población, así como el ritmo de producción y acceso de las mismas.

Otro reto es el que genera la falta de legitimidad que enfrentará el próximo presidente, pues según estimaciones, al menos 50% de los republicanos considera los resultados de la pasada elección presidencial como fraudulentos. Además, gobernar a los más de 70 millones de personas que votaron por Donald Trump y que apoyaban la agenda del republicano, por supuesto será una circunstancia que habrá que sumarle a las crisis sanitaria y económica ya presentes.

Sumándose a las cuestiones internas, a nivel internacional se abren nuevos frentes para la administración entrante, entre los cuales se destacan el uso y regulación de las redes sociales y los alcances de las mismas -con respecto a la suspensión de las cuentas del todavía mandatario-, el cambio climático y la re-incorporación de EE.UU. al Acuerdo de París, el conflicto con los viejos rivales Irán y Corea del Norte, así como la reconfiguración de las relaciones en Medio Oriente.

Así mismo, el papel de EE.UU. como líder mundial fue retrayéndose durante la gestión de Donald Trump, lo que fue aprovechado por China en todos los frentes pero principalmente a nivel tecnológico y económico, algo que la administración Biden tiene presente y debe revertir para conservar su papel hegemónico mundial.

Con respecto a los retos que enfrentará con la Unión Europea, al próximo presidente, le va a tocar establecer relaciones con Reino Unido y el bloqueo europeo como entes desarticulados, así como, dar la bienvenida a la sucesora o sucesor de Angela Merkel además de los retos actuales en común.

En cuanto a la región latinoamericana, ante el incremento de flujos migratorios hacia el país norteamericano debido a la falta de empleos ocasionados por la pandemia del COVID-19, la cuestión migratoria toma mayor relevancia. Al ser el tema migratorio un tema recurrente en la campaña del demócrata, se espera que Joe Biden intente por lo menos aplicar un plan o programa a este respecto. Probablemente la cuestión de México como “tercer país seguro” en los hechos – es decir, que los solicitantes de asilo que hayan sido rechazados en EE.UU. vengan a México y permanezcan en nuestro país en lo que se resuelve su situación migratoria -no cambie.

En resumen, los retos que la esperan a la próxima administración son diversos y, por supuesto que en este contexto tan atípico, lleno de polarización y caos se espera que la prudencia y diplomacia del próximo presidente así como de los profesionales que integran su Gabinete le ayuden a resolverlos tratando de enmendar lo ocurrido durante los últimos 4 años.

De si lo logrará o no, nos iremos enterando poco a poco.