Foto: Sputnik Mundo

Cuando hablamos de países del mundo árabe, no pensamos en democracias fuertes y plenamente establecidas, más bien, pensamos en países débiles democráticamente, con frecuentes golpes de Estado y en los que las dictaduras militares generalmente son propiciadas por dinastías familiares que no quieren soltar el poder, perpetuándose primero ellos y luego su familia durante décadas en él. Es cierto que esta concepción no se cumple en la totalidad del mundo árabe, no obstante, sí es común en la mayoría de los países de la región.

Como ejemplo de lo anterior, tenemos la familia Hussein en Irak (sí, la de Saddam Hussein), en Libia están los Gadafi (de la que salió Muamar el Gadafi y su Libro verde) y, en Siria, se encuentra la familia Assad, de la que es miembro el actual presidente Bashar Al Assad.

Si bien, todo el mundo sabe que Siria se encuentra sumergida en una guerra que se ha prolongado durante 7 años y que parece no tener fin, en gran parte gracias al financiamiento externo, también es cierto que pocos saben a conciencia, los porqués del conflicto sirio, su inicio y desarrollo, los actores principales, sus consecuencias y por qué se ha prolongado tanto.

A razón de esto [y más], escribo este artículo.

Chiitas vs Sunitas, el mito

A grandes rasgos, los Chiitas y Sunitas (también llamados Chiíes y Suníes) son las principales y más conocidas ramas del Islam. A menudo, estas corrientes son utilizadas como respuesta a limpieza étnicas, conflictos originados tras la muerte de Mahoma, interpretaciones distintas del Corán y otras tantas diferencias doctrinales. La vaga justificación al origen de todos los males en el mundo árabe recae en el llamado Relato de los Odios Remotos.

Según el relato, después de morir el profeta Mahoma, el fundador del Islam, se desató una crisis sucesoria. Algunos musulmanes consideraban que Abu Bakr, amigo del profeta, debía ser el nuevo líder, mientras que otros preferían a su primo Alí. Al final, Abu Bakr vencería y se convertiría en el nuevo líder de los musulmanes y sus seguidores se convertirían en los suníes. Por el otro lado, los partidarios de Alí y sus descendientes, los chiíes, serían derrotados y se convertirían en una minoría perseguida hasta la fecha, sin embargo, ellos no dejarían de proclamarse los verdaderos líderes del islam. Con esta crisis, nacía un odio eterno e inalterable, desatado por la ausencia de un líder superior que pudiera mantener unido a su pueblo.

El mundo occidental (civilizaciones supuestamente ubicadas en Europa, América y Oceanía) en su pretensión por conocer las causas reales del conflicto entre suníes y chiíes, siempre ha declarado que las guerras en Siria e Irak ejemplifican al relato anterior.

Ahora bien, sería inaceptable reducir la violencia de Medio Oriente a un sólo factor. Las guerras en el mundo árabe, libradas desde hace 1.400 años no son consecuencia de un choque entre sectas o grupos rivales que han causado odios irracionales vigentes aún en nuestro días. Al contrario, ¿no sería es el odio infundado, la consecuencia y no la causa principal de dichas guerras?

Para hablar de lo vago y errado de justificar dicho conflictos con el relato de los odios remotos, en primer lugar, tenemos que el relato ignora completamente las causas geopolíticas y los intereses político-económicos de los países de la región.

Siguiendo con la idea, si se descarta a la geopolítica de la ecuación, se eliminaría cualquier sentimiento de culpabilidad europea y estadounidense sobre la situación actual del mundo árabe. Es decir, como chiitas y sunitas han luchado desde hace miles de años por el simple hecho de odiarse unos a otros, occidente financiando a dictadores represivos y a grupos rebeldes, apoyando limpiezas étnicas además de subvencionar guerras sectarias como la de Irak por ejemplo, no ha sido responsable.

Del otro lado, también existen personas que le quieren adjudicar a la geopolítica todos los males de la región, lo que tampoco es válido. El acuerdo Sykes-Picot, firmado por el diplomático británico Mark Sykes y su colega francés François Georges-Picot, el 16 de mayo de 1916, sentó las bases de las actuales fronteras de Medio Oriente al dividir las provincias otomanas para crear Estados artificiales después de la Primera Guerra Mundial, no importando si las sectas o etnias se mezclaban entre sí, imposibilitando la creación de un Estado uniforme a la europea. Sin embargo, los partidarios de esta teoría, parecen olvidar que la creación de Europa también se basa en siglos de genocidios culturales y limpiezas étnicas para lograr tal nivel de homogeneidad.

En segundo lugar y continuando con querer justificar lo que sucede en el mundo árabe con el relato de los odios remotos, es común generalizar que en esa región, las personas se rigen principalmente por la religión, en todos los aspectos de su vida. Recalcando, en occidente se considera a la etnia y la religión la raíz de conflictos generados en realidad, por problemáticas socio-económicas y políticos magnificados gracias a intereses de naciones extranjeras. Por ejemplo, en Egipto no se levantaron contra Hosni Mubarak por su origen ni en Siria se levantó la sublevación contra Al Asad por ser alauí ni tampoco Irán salió a su rescate porque su población comparte ciertas creencias. En realidad, las demandas económicas fueron el detonante principal en estos sucesos.

Encima, al querer encasillar problemáticas en dos grandes bloques monolíticos y antagónicos (formados por suníes y chiíes), también se eliminan por completo los sentimientos nacionalistas, ideológicos, además de los lingüísticos. Por ejemplo, es común reducir a los alauíes o a los zaydíes a una rama del chiísmo, a pesar de que no comparten las mismas creencias con respecto a la rama mayoritaria del chiísmo.

Si bien, este artículo no pretende negar que la modificación fronteriza y la creación de Estados artificiales en la región ha sido perjudicial, ni tampoco negar la existencia de la violencia sectaria.  Al contrario, se pretender reflexionar acerca de las otras causas, no siempre mencionadas y que también han contribuido a la violencia de la región. En suma, todos y cada uno de los factores mencionados son causa, sin eliminar otros factores de la ecuación, evitando caer en el ciclo vicioso de reproducir la errada visión occidental que desde hace años reduce la identidad y los intereses de los actores del mundo árabe para beneficio propio.

Siria y la guerra civil

Siria, oficialmente República Árabe Siria, un país soberano ubicado​ en la costa oriental mediterránea, es un país multiétnico y diverso compuesto por una población de alauitas, chiíes, suníes, kurdos, drusos y otros, que habían vivido en una esfera de relativa paz y estabilidad hasta el inicio de la guerra civil en marzo de 2011, donde cada una de estas se ha visto obligada a alinearse con uno de los dos grupos (ba’athistas y rebeldes u oposición) sin necesariamente compartir las mismas creencias o ideologías.

En las últimas décadas, Siria ha sido gobernada por regímenes militares, liderados por la familia Asad quienes llegaron al poder en 1970.  Lo que comienza siendo una dictadura de tintes cuasi progresistas acaba convirtiéndose en una dictadura de tintes religiosos.

Fuente: El mundo

En Siria el 85% de la población musulmana es sunita y sólo el 15% restante es chiita, de la que forma parte la etnia con más poder, la alauí, al controlar el gobierno, Bashar Al-Assad y su familia. Los chiitas, junto con los levantinos, asirios y maronitas conforman el 20% de la población ubicada en la parte occidental (al oriente) de Siria. La comunidad kurda se ubica al norte mientras que los drusos se encuentran en la provincia de Suweida, al suroeste del país. Además de los alauitas, las minorías (excepto los kurdos) están del lado del régimen, es decir, son pro-Bashar Al-Assad.

Adentrándonos al conflicto, desde el inicio, los rebeldes (quiénes buscan la liberación de Siria de las manos del gobierno de Bashar Al-Assad) fueron atrayendo a su causa a todos los grupos opositores al régimen constituyendo una amenaza real, para así, hacerle frente al enemigo en común. Así nace, el Consejo Nacional Sirio (compuesto por los Hermanos Musulmanes, los Comités de Coordinación Locales (CCL), la Declaración de Damasco, el Bloque Nacional, el Bloque Kurdo, la Organización Democrática Asiria y otros, una coalición heterogénea de grupos pro-occidentales y grupos islámicos radicales con un importante número de desertores suníes del Ejército Sirio, en virtud de que en éstas los puestos jerárquicos superiores lo conformaban los chiíes.

En el grupo contrario, el grupo ba’athista creó los Comités Populares para defenderse de  levantamientos sunitas, éstos fueron conformados mayoritariamente por cristianos, chiitas, drusos y alauíes. Los rebeldes consideraban a los comités peones de los alauí y trataban de hacerles ver que eran utilizados por el presidente sirio.

Fuente: TVN Noticias

Temiendo que la población siria se contagiara del efecto Primavera Árabe, Al-Assad, comenzó a suministrar armas a las familias allegadas y fieles a su gobierno y también a los jóvenes desempleados, armando una red clientelar financiada por su familia y su partido desde tiempos de su padre Hafez Al-Assad. En 2012, los Comités Populares, pasaron a ser las Fuerzas de Defensa Nacional (FDN), una fuerza paramilitar integrada al organigrama de las Fuerzas Armadas sirias (pro-gubernamental) conformadas mayormente por alauitas y cristianos.

Irán, el principal aliado del régimen sirio, aprovechando la creación de estas fuerzas decide enviar asesores de su Guardia Revolucionaria para asesorar a las FDN en la lucha contra la oposición y los yihadistas. Irán se convierte en uno de los varios Estados extranjeras que habrán de intervenir en la Guerra Civil Siria.

Aunado lo mencionado, la [privilegiada] ubicación geográfica de Siria también juega un papel importante en la situación actual de la guerra. No es coincidencia que tantos actores internacionales formen parte [o quieran aprovecharse] del conflicto Sirio. Entonces, al papel sirio en el ajedrez geopolítico actual debemos sumar el propio conflicto interno y las influencias exteriores de los otros.

Continuará…

Fuente: RTVE