Fuente: Saúl Ruiz

La noche del 18 de marzo de 1938 a través de un mensaje en la radio, Lázaro Cárdenas del Río decretó la expropiación petrolera haciendo válido el artículo 27 de la Constitución mexicana. Y a partir de ese momento, el petróleo se convirtió en un motivo de orgullo nacional.

Para México, Lázaro Cárdenas ha sido el héroe que representó la lucha exitosa de los trabajadores contra los “imperialistas” que saqueando los recursos naturales de la Nación forjaron su multimillonaria riqueza.

A razón de lo anterior, para el mexicano el petróleo no significa otra cosa que identidad nacional.

Con la aprobación de la Reforma Energética en 2013, el discurso de la oposición no señalaba los efectos negativos que la reforma traería, sobre todo en materia de cambio climático, sino más bien, luchaban contra la privatización del petróleo. ¿Cómo se podría vender el “bien más preciado de los mexicanos” a las fuerzas extranjeras e intervencionistas? ¿Por qué los extranjeros aprovecharían la riqueza de nuestro país a costa nuestra?

Sin embargo, lo que han olvidado los partidarios del capitalismo rentístico, es que México siempre ha vivido de la renta petrolera pero gracias al capitalismo de compadres y a la corrupción de Petróleos Mexicanos (PEMEX), el dinero del petróleo no nos ha llevado al desarrollo prometido.

Lo que a mí me parece un retroceso, es que el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) 2019, refleje la necesidad de la Cuarta Transformación de vivir de un pasado glorioso (como el de los años 70 con la bonanza económica petrolera) que no significa más que vivir en el pasado.

A este respecto escribo sobre los aspectos negativos de seguir dependiendo del petróleo, también llamado oro negro.

¿México un país rentista?

Desde el siglo pasado cuando se descubrió el valor y la importancia del petróleo y en México se descubrieron yacimientos petroleros en aguas someras (a mayor facilidad para encontrar el petróleo y extraerlo, las ganancias también son mayores, a diferencia de cuando el hidrocarburo se encuentra en aguas profundas que duplican los esfuerzos de extracción y elevan los costos), empezó nuestra bendición o nuestra maldición: ser un país rentista.

Un país rentista, es el que depende de la renta (ganancia) producida por una actividad económica, generalmente de la actividad petrolera. Por ejemplo, en la teoría, X país obtiene de la industria petrolera su principal fuente de ingresos y como es el único que posee petróleo, puede establecer los precios en condiciones ventajosas (de monopolio).

Sin embargo, en un mundo globalizado, como el país rentista depende mayoritariamente de la exportación de un solo producto, difícilmente puede tener un desarrollo económico sostenible.  Al depender de actividades económicas incontrolables  y cambiantes que dependen de factores externos, sus economías también se vuelven frágiles a la menor provocación.

México y el petróleo

El precio del petróleo es inestable, así como puede aumentar repentinamente por guerras, de la misma manera puede caer estrepitosamente por  factores políticos, económicos y sociales.

En  1973, a punto de que fracasar el “Desarrollo estabilizador” en el país, los precios del petróleo repuntaron gracias al embargo petrolero impuesto por los países árabes a Israel en la guerra de Yom Kippur también llamada la Primera Crisis del Petróleo.

En 1980 con la guerra entre Irak e Irán, el precio del petróleo llegó a un máximo histórico, sin embargo, el gobierno mexicano no creo ni un plan de contención ni políticas económicas para prevenir los cambios súbitos en los precios del petróleo.

Por lo que en Marzo de 1982, cuando la Organización de Países Exportadores de Petróle (OPEP) estipuló por primera vez el sistema de cuotas de producción de petróleo, el precio del hidrocarburo empezó a caer y los años gloriosos del petróleo mexicano se terminaron.

A partir de 1999 y hasta la recesión económica de 2008, el precio promedio del barril de la mezcla mexicana se ubicó arriba de los 120 dólares, pero gracias a la corrupción, la sociedad mexicana no ha podido palpar el dinero de la renta petrolera.

Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) 2019

Foto: My Press

Con la decisión de Andrés Manuel López Obrador de privilegiar la industria de hidrocarburos, se aumentó mil por ciento el presupuesto de la Secretaría de Energía (SENER) y 92% de todo ese presupuesto estará destinado Pemex.

Lo interesante es que Pemex ya es una empresa productiva del estado, por lo que ellos deberían buscar tener utilidades para poder reinvertir y el Estado, sólo en casos extraordinarios otorgaría financiamiento. Además, con la construcción de una refinería en Dos Bocas, Tabasco, el presupuesto destinado al estado del Presidente aumentó un 61% más con respecto al 2018.

El gran desacierto de la nueva administración es apostarle todo a un bien que además de ser limitado es altamente contaminante.

Me parece importante mencionar, que si bien el petróleo ha servido para unir a los nacionalistas bajo el recuerdo del boom económico, apostarle todo a la actividad petrolera en 2019 es arriesgado, en virtud de que las condiciones favorables de los años 70 ya no están.

En primer lugar, los nuevos yacimientos son costosos de explotar, por lo que las ganancias son menores que hace 50 años.

Por otra parte, el precio del barril del petróleo lleva varios meses por debajo de los 50 dólares y apenas en 11 semanas, el precio de la mezcla mexicana cayó 39 % (así de volátil es).

Además, el valor del peso frente al dólar es muy débil. Y el robo del mismo es altísimo (en México, esta técnica se llama huachicoleo) por lo que las pérdidas son millonarias.

Asimismo, siguiendo la ley de oferta y demanda, cuando el petróleo mexicano era valioso fue justo porque hubo una serie de guerras que mermaron la producción global y la mezcla mexicana. Y aunque a principios de este mes, la OPEP junto con Rusia, acordaron reducir la producción petrolera 1.2 millones de barriles diarios a partir de enero de 2019, el precio del petróleo no ha aumentado.

Otro factor que me parece necesario mencionar, es que en los 70 y 80, las nuevas técnicas de extracción como el fracking no existían, por lo que la abundante disponibilidad mundial de petróleo en países no incorporados en la OPEP como Estados Unidos tampoco.

Además de lo anterior, es indispensable mencionar que el aumento de los impuestos al consumo de energía, el auge de las energías verdes, el consumo de la energía nuclear y del carbón, también son factores que la Cuarta Transformación debería considerar.

Seguir condicionando a México a depender de un bien como el petróleo, puede ser peligroso para nuestra economía. Usar las viejas políticas del siglo pasado y utilizar el petróleo como orgullo nacional, sólo provocan el rezago de nuestro país.  

Considero que el nuevo gobierno debería buscar la diversificación de la economía mexicana minimizando así las consecuencias de cambios bruscos en los precios de exportación y con esto no quiero decir, que se debería abandonar la actividad la petrolera, pero sí disminuir nuestra dependencia pensando que el petróleo mexicano se va a acabar.

La cuarta transformación, además de confiar ciegamente en que por arte de magia, la corrupción va a desaparecer, también debe pensar en cómo diversificar nuestra economía para cuando el petróleo se acabe y no tengamos ni científicos, ni técnicos ni personal capacitado en los trabajos del futuro, en virtud de que los políticos mexicanos de antaño están obstinados en revivir un pasado glorioso, siempre destinando nuestro dinero al gasto y no a la inversión de nuestro futuro.