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La República Democrática del Congo (RDC) antes Zaire (no lo confundan con otro país llamado República Popular del Congo), se sitúa en la parte central del continente africano, una región conocida como África Subsahariana o África Negra (llamada así porque la mayor parte de los habitantes de allí son personas “negras”).

El Congo Democrático cuenta con una población de 81.339.988 de habitantes (2017) y un territorio extenso, perpetuando su condición irónica de país pobre y rico, pues gracias a la riqueza en recursos naturales, los países extranjeros (como Bélgica que lo “colonizó”) han saqueado sistemáticamente el país en detrimento de la población congoleña.

Como muchos otros países del África Subhariana, la RDC ha sido bendecido con diamantes, oro y coltán (principalmente utilizado en telecomunicaciones y en la industria aeroespacial) pero al mismo tiempo, castigado con un Estado y unas Instituciones débiles.

Primera Guerra Mundial Africana

Durante la Primera Guerra del Congo, el líder guerrillero Laurent-Désiré Kabila (padre del actual presidente), consiguió derrocar al dictador nacionalista (apoyado por EE.UU) Mobutu Sese Seko y desde ese momento Zaire pasó a llamarse República Democrática del Congo.

El 2 de agosto de 1998, tras incumplir Kabila sus promesas democráticas y enemistarse con sus antiguos aliados ruandeses, comenzó un episodio violento en el que participarían 9 países de la región, la Primera Guerra Mundial Africana, también llamada Segunda Guerra del Congo.

El Congo Democrático heredó de la guerra, un país dividido en bandos propiciando el conflicto interestatal más grande y más mortífero desde el final de la Segunda Guerra Mundial, con 3,3 millones de muertes hasta el 2003.

Fuente: Sputnik Mundo

Aunado a las millones de muertes, aún después de la paz pactada, el resquebrajamiento de dicho país trajo consigo la creación de los grupos rebeldes que luchaban por el control del gobierno central. Como consecuencia, se empezaron a utilizar a los niños soldados como armas (30.000 en el peor momento del conflicto).

Otra consecuencia de este conflicto, es que el país se convirtió en un lugar muy peligroso para la mujer. En 2018, se empezó a considerar a la RDC como “capital mundial de la violación”. Todos estos factores, han generado éxodo masivo de congoleños que ha llegado hasta nuestro propio país.

Por si esto fuera poco, la situación de dicho país es crítica, a pesar de que otros países y otros conflictos armados eclipsen los medios de comunicación, hoy en día el Congo es azotado por el ébola [nuevamente], una enfermedad erradicada en 2014. Bajo este contexto, escribo sobre un país sumergido en la hambruna, en la pobreza, en la guerra y en la enfermedad.

El virus vuelve

El 1° de agosto de 2018, se declaró la nueva epidemia de ébola en el noreste de la República Democrática del Congo (RDC), después de que el brote cobrara la vida de 85 personas. El Ministerio de Salud del Congo, catalogó el brote del ébola, como el peor brote en los últimos años.

Meses después de dicha declaración, el número de victimas que se ha cobrado el ébola al noreste del país africano, asciende a 135, después de que el fin de semana fallecieran cinco personas más (100 de los 135 fallecidos han dado positivo en las pruebas del laboratorio). Según los últimos datos del Ministerio de Sanidad congoleño, hasta el sábado pasado el número contagiados ascendía a 211, de éstos, 176 ya confirmados y 35 aún estaban por comprobar.

Lejos de contenerse, el brote se ha expandido por el país, pero ¿por qué?

¿No era el fin del ébola?

Con los primeros casos registrados desde 2013 en la capital de Guinea, de donde se expandiera rápidamente hasta Sierra Leona y Liberia, en marzo de 2014, se declaró al ébola como la peor epidemia conocida en el mundo hasta ese momento.

[Se trata] “del brote más severo y complejo en cuatro décadas de historia de esta enfermedad” y es una “emergencia de salud pública de preocupación internacional”. Margaret Chan, directora general de la OMS en 2014.

Según los estatutos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el fin del brote de se declarará cuando haya finalizado el periodo de 42 días sin nuevos infectados. En enero de 2016, la OMS registrando 11.300 muertes y más de 28.500 contagios (aunque se especula las cifras podrían ser menos alentadoras) declaró el fin de dicha epidemia.

Sin embargo en 2018, apenas dos años después, una nueva infección ha regresado.

El virus del ébola, ya de por sí considerado uno de los que tienen mayores tasas de mortalidad entre las enfermedades, bajo el contexto de la RDC, adquiere mayor complejidad. En primer lugar porque a pesar de que se pactó el fin de la guerra a principios del milenio, el Congo Democrático sigue siendo una zona de guerra, por lo que el acceso de los médicos y  las vacunas se limita aún mas. Al estar controlado por grupos rebeldes, gran parte del territorio también es controlado por éstos.

En segundo, gracias al alto nivel de analfabetismo, a la corrupción, a la desinformación y a desconfianza en el precario sistema de salud, la población civil al inicio de la enfermedad (cuando aún pueden curarse) prefiere acudir a curanderos locales, acudiendo a los servicios de emergencia sólo hasta que la medicina tradicional no les funciona.

Aunado a eso, es común que para los funerales, un grupo de mujeres de la comunidad arregle el cuerpo antes del entierro, ignorando el hecho de que el cuerpo de una persona fallecida a causa de ébola es muy contagioso.

Si bien, mediante una vacuna experimental se contuvo el brote del 2014, este método podría no funcionar para contener la nueva epidemia, si en esta ocasión se tratara de una nueva cepa o variación del virus, como sugieren los expertos. Por ejemplo, en 2014 el Gobierno congoleño, declaró que el brote de ébola de ese año, era el séptimo de su historia y que su origen era diferente al del virus que surgió en África Occidental (esta región está compuesta por Benín, Burkina Faso, Cabo Verde, Costa de Marfil, Gambia, Ghana, Níger, Nigeria, Guinea, Guinea-Bissau, Malí, Liberia, Sierra Leona, Togo, Senegal).

Comentarios finales

En el mundo globalizado en el que vivimos, los desplazamientos son cada vez más frecuentes y más rápidos, por lo que la especulación de que la expansión de la epidemia podría alcanzar las magnitudes del brote de 2014 podría no estar muy lejos de la realidad. Respetando los protocolos sanitarios en la salida y entrada de los países, la posibilidad de que el virus del ébola llegue a América es débil, sin embargo, en la praxis la situación sanitaria de los países que expulsan y reciben a los refugiados congoleños no es tan favorable.

La violencia que se vive en la RDC desde 1997, consecuencia de uno de los conflictos armados más cruentos del mundo, ha propiciado la migración interna de de 4,5 millones de personas y el éxodo de casi un millón de refugiados en los últimos dos años, según estimaciones de la ONU.

Aunque México pareciera absento de esta crisis de refugiados [congoleños], lo cierto es que no hay nada más lejos de la realidad. Así como en el Congo Democrático, la ubicación geográfica de nuestro país a lado de EE.UU. nos privilegia o nos condena. Cerca de la frontera mexicana, en Piedras Negras, Coahuila, hay un número considerable de congoleños que sin hablar inglés y menos aún español, esperan materializar el sueño americano visible al otro lado de un río.

A través de la frontera sur, una frontera invisible para el gobierno, es por donde los congoleños además de los hondureños, salvadoreños, guatemaltecos y otros migrantes lograr entrar al país. La sociedad mexicana bajo el discurso racista y clasista repudia el ingreso de la caravana migrante centroamericana por la frontera sur, culpando a los presidentes de esos países por no ofrecer condiciones y oportunidades adecuadas a sus ciudadanos, obligándolos a iniciar la odisea de un viaje hasta EE.UU.

Lo que me lleva a pensar, si con la misma efusividad le exigimos a nuestro aún Presidente las mismas condiciones que le pedimos a Guatemala y Honduras ofrezcan a sus ciudadanos para que no vengan a “invadirnos”. ¿O es que sólo vemos la paja en el ojo ajeno?

Cerrando los ojos ante la realidad, tratamos de ignorar lo que no es ignorable: Que la crisis de migrantes sigue estando presente a pesar de acelerar la velocidad de la Bestia y de fingir que las problemáticas sociales del sur del país (que provocan la migración de muchos mexicanos) no existen.

Fuente: AFP

El año pasado, el Gobierno de Donald Trump tomó la medida de reducir el número de acogida de refugiados en EE.UU. aceptando sólo 45.000 personas de todas partes del mundo, cifra más baja desde 1980. Este año, el número de acogida es de apenas 30.000, el mínimo histórico.  En cuanto al número de refugiados congoleños admitidos en Estados Unidos, en menos de un año bajó un 78% pasando de 5.179 a finales de 2016 a 1.154 para el mismo período de 2017.

Las consecuencias de esa política migratoria son desastrosas principalmente para México. Los primeros meses del 2018 fueron expulsados de nuestro país, 240 congoleños, 25% más que a principios de 2017.

Con la mirada del mundo puesta en México, primero por el nuevo tratado comercial y luego por la caravana de migrantes que huye de la crisis socio-políticas de sus países.Nuestro país está ampliando los permisos de tránsito de 15 días para los solicitantes de asilo y también está deportando, como lo hacen nuestros vecinos.

Con las nuevas declaraciones hechas por el Presidente de EE.UU. amenazando la firma del T-MEC, ¿Cuál será la postura que tomará la administración de EPN? O ¿Es que hemos olvidado que la nueva administración empezará a gobernar hasta el 1 de diciembre, aunque le exigimos como si gobernara desde el 1 de julio?