Fuente: La Tercera

Si bien es cierto, que el intervencionismo de la política exterior estadounidenseen América Latina y el resto del mundo, ha mutado a través de los tiempos y las complejidades de cada región, decir que dicha práctica es algo del pasado, sería estar equivocado.

Durante el siglo pasado, Estados Unidos privilegio la defensa de sus intereses mediante el uso de la violencia masiva, es decir, por lo menos en nuestro continente a través del financiamiento de los golpes de estado “orquestados” por dictadores que defenderían los intereses norteamericanos en su país. Si bien en la actualidad, las intervenciones siguen respondiendo a los mismos fines, ya no son orquestados por militares como en el siglo pasado, sino por civiles que defienden el proyecto neoliberal y privilegian a las élites.

El intervencionismo estadounidense del siglo XXI ejemplificado en el fallido golpe de Estado contra el gobierno del entonces presidente, Hugo Chávez en 2002, el golpe de Estado en Haití (2004), el intento del golpe de Estado en Bolivia(2008), el golpe de Estado en Honduras (2009), el intento de golpe de Estado en Ecuador (2010) y el golpe de Estado en Paraguay (2012) dan muestra de que la retórica jurídica, a través de la defensa de la democracia y los derechos humanos, es ahora el medio para justificar los golpes de Estado.

¿Qué está pasando en Venezuela?

El miércoles 23 de enero (una fecha significativa para el pueblo venezolano, a razón del 61 aniversario del levantamiento popular y cívico-militar del 23 de enero de 1958, que terminó con la dictadura de Marcos Pérez Jiménez) la oposición venezolana, se congregó para manifestarse contra lo que ocurrió el 10 de enero de 2019 cuando Nicolás Maduro se juramentó para un segundo mandato presidencial que ni la oposición ni gran parte de la comunidad internacional reconoció en virtud de que las pasadas elecciones presidenciales celebradas el 20 de mayo de 2018, giraron en torno a denuncias de irregularidades, sospechas de fraude y falta de garantías internas y externas que le dieran validez a dichos comicios electorales.

El 23E, como se conoció a la gran marcha nacional del pasado miércoles 23 de enero, Juan Guaidó, quien el 5 de enero  se convirtió en Presidente de la Asamblea Nacional (cámara en donde reside el poder legislativo de Venezuela y principal órgano opositor del régimen de Maduro), se autoproclamó “presidente encargado de Venezuela” ante miles de seguidores.

“Juro asumir formalmente las competencias del Ejecutivo Nacional como el presidente encargado de Venezuela para lograr el cese de la usurpación, un gobierno de transición y tener elecciones libres”.

Juan Guaidó, en su discurso de autoproclamación.

Para legitimar su actuar, Guaidó se respaldó en los siguientes artículos de la Constitución de Venezuela:

  • Artículo 233: Serán faltas absolutas del Presidente o Presidenta de la República: su muerte, su renuncia, o su destitución decretada por sentencia del Tribunal Supremo de Justicia. […] el abandono del cargo, declarado como tal por la Asamblea Nacional, así como la revocación popular de su mandato. Cuando se produzca la falta absoluta del Presidente electo o Presidenta electa antes de tomar posesión, se procederá a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes. Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente o la nueva Presidenta, se encargará de la Presidencia de la República el Presidente o Presidenta de la Asamblea Nacional. 
  • Artículo 333: Esta Constitución no perderá su vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza o porque fuere derogada por cualquier otro medio distinto al previsto en ella. En tal eventualidad, todo ciudadano investido o ciudadana investida o no de autoridad, tendrá el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia.
  • Artículo 350: El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos.
Foto: AFP / Federico Parra
Foto: AFP / Federico Parra

Apenas minutos después del suceso, el Presidente de EEUU, Donald Trump reconoció a Guaidó como presidente encargado, por lo que las sospechas de un acuerdo previo con dicho nación eran más que evidentes. Como consecuencia de lo anterior, Nicolás Maduro ordenó la ruptura de las relaciones diplomáticas con EE.UU y a partir de ahí, empezaría la guerra diplomática por el respaldo internacional a la legitimidad del gobierno en Venezuela.

Si bien, en un principio algunos países parecían neutros ante la situación de Venezuela,con el transcurso de los días, los aliados de EE.UU (apelados por sus intereseso los de Trump) respaldados por presidentes oficialistas y uno que otro,ultraderechista, reconocieron a Juan Guaidó como Presidente Interino de Venezuela.

A la Unión Europea, a la que el anuncio le llegó a altas horas de la noche, tuvo queesperar a que todos sus miembros estuvieran enterados para así homologar su posturaal respecto, oficializando Alemania, Francia y España que reconocerían el gobiernode Guaidó, si en 8 días Maduro no realizaba unas elecciones en Venezuela.

En cuanto a los países que respaldaron al régimen de Maduro, están por su puesto los aliados de la región, Cuba y Bolivia, así como las potencias extranjeras como Rusia y China.

Mis comentarios al respecto

Independientemente de lo que yo u otros pensemos sobre Maduro y su gobierno, lo que a mí me parece aterrador es que la situación de Venezuela y la acción de reconocer a gobierno extranjeros siente un precedente en la comunidad internacional que debilite los estatutos internacionales que defienden la libre determinación de los pueblos y el derecho de los mismos a decidir su propia forma de gobierno (relacionado con las cuestiones de independencia, autonomía, eleccionesy legitimidad de los gobiernos), así como la soberanía, la integridad territorial y la independencia política de cualquier Estado estipuladas en Artículo 1, párrafo 2 y en el  Artículo 2, párrafo 4 de la Carta de la Naciones Unidas.

No se puede negar que Venezuela se encuentra sumergida en una crisis económica conuna hiperinflación que podría aumentar a 10,000,000% en 2019, una crisis social y humanitaria con respecto a la violación de derechos humanos y a la escasez de alimentos y medicina, así como al éxodo de venezolanos a otros países del continente, al incremento de la inseguridad y la violencia y, además en una crisis política con dos presidentes, en mi opinión, la táctica estadounidense de la intervención no es, ni debe ser la solución.

 A pesar de las crisis en las que se encuentra sumergida Venezuela, la situación de dicho país no le compete a otro, salvo al pueblo de Venezuela. Aunque a algunos no nos parezca, Nicolás Maduro fue electo democráticamente a través de elecciones, por lo que sólo el pueblo venezolano puede quitarle la legitimidad otorgada y no otro actor, por lo que la injerencia extranjera en efecto está violentando la soberanía de Venezuela.

Para finalizar, lo que ocurre o va a ocurrir en Venezuela, no le compete a un presidente de Estados Unidos que viola los derechos humanos de los migrantes que intentan cruzar sufrontera, tampoco le corresponde a un presidente que defiende la tortura y menoscaba los derechos humanos de las minorías brasileñas, como tampoco le corresponde a otro que pretenda entrometerse en los asuntos internos de un país que no es el suyo, menos por cuestiones que están muy alejadas de ser, restaurar la democracia y los derechos humanos en Venezuela.