En Argentina, hablar del Fondo Monetario Internacional (FMI), es sinónimo de inflación, venta de empresas estatales, despidos masivos, salarios congelados, descontento social, huelgas, miedo y regreso al pasado.

Y para los argentinos, su mayor miedo empezó a volverse realidad a principios del 2018. Luego de varias semanas en las que ni el alza de tasas por parte del Banco Central logró estabilizar el peso argentino, la moneda seguía cayendo estrepitosamente frente al dólar. Finalmente en mayo, Mauricio Macri, quien llegara a la Casa Rosada en 2015, informó a través de un mensaje de televisión su decisión de recurrir al FMI en busca de ayuda financiera.

Lo que empezó como un ajuste económico ha terminado inconformando al pueblo argentino, que desde el 8 de mayo ha recrudecido su inconformidad con la peor crisis económica y social de su historia reciente. Llena de huelgas e incertidumbre que no parecen cesar, este martes la Confederación General del Trabajo (CGT), la asociación de trabajadores y trabajadoras más grande en Argentina, inició el cuarto paro general en todo el país. Mientras Macri se encontraba en su gira por Nueva York, en su país dos aeropuertos habían suspendido sus labores, así como también, taxistas y choferes de autobuses del servicio público.

Fuente: Eitan Abramovich (AFP)

La Asamblea General de Naciones Unidas, sirvió de excusa para que el presidente argentino, cumpliera con los objetivos políticos que se fijó. Alejado de la realidad argentina, viajó a New York para hacer un reportaje en Bloomberg, la agencia de noticias de finanzas más influyente en los mercados. Aunque antes, también tuvo tiempo de desayunar en la sede del Financial Times con miembros de Goldman Sachs, HSBC, Citigroup, JP Morgan y otros inversores a los que les explicó [y trató de convencer]  su nuevo plan económico, además por supuesto, de los términos del acuerdo con el FMI. Aprovechando el viaje y su gira política, Macri recibió el premio como Ciudadano Global 2018, otorgado por Atlantic Council al ser un “reformista”.

Después de eso [meros trámites innecesarios], Mauricio Macri, finalmente pudo guiñarle el ojo a Christine Lagarde, directora del FMI, con la que desde hace meses se encuentra negociando el nuevo acuerdo para recibir ayuda financiera de dicho organismo.

Fuente: Casa Rosada

Con los pendientes terminados, parecía ir todo según el plan fijado por el gobierno macrista, sin embargo, Luis Caputo decidió anunciar su renuncia a la presidencia del Banco Central de la República Argentina (BCRA), dejando a Guido Sandleris como su reemplazo, generando no menos que desconfianza en el mercado provocando otra caída del peso argentino. En menos de cuatro meses han renunciado dos presidentes del Banco Central argentino, Caputo llegó a la presidencia en junio, remplazando a Federico Stuzenegger, quien renunció agobiado por la debilidad de la moneda y las altas tasas de interés con las que intentaban apaciguar la inflación.

Con un jefe del ejecutivo ensimismado en continuar con su plan de endeudamiento y sordo ante las peticiones de su pueblo, 17 años después, el futuro de Argentina depende, otra vez, del FMI.

Bajo este contexto de incertidumbre económica, social y política, analizo el temor de los argentinos al FMI, así como las razones por las que Macri ha decidido solicitar un préstamo a dicho organismo.

¿Por qué Argentina ha recurrido al FMI?

Si bien, Argentina es miembro del FMI desde el 2006, cuando el gobierno peronista de Néstor Kirchner (fallecido esposo de Cristina Fernández) pagó toda su deuda con el FMI, no habían solicitado un préstamo a dicho organismo.

“Las condiciones mundiales están cada día más complejas y por varios factores: están subiendo las tasas de interés; está subiendo el petróleo; se han devaluado las monedas de países emergentes, entre otras variables, que nosotros no manejamos. El problema que tenemos es que somos de los países del mundo, que más dependemos del financiamiento externo, producto del enorme gasto público que heredamos y que estamos ordenando”.

El presidente argentino justificó así su decisión de pedir “una línea de apoyo financiero”, pues su país necesitaba una inyección de capital para mantener la estabilidad económica y no seguir dependiendo del financiamiento externo. También adjudicó su decisión a la incertidumbre internacional, además de los desbalances económicos y la pobreza, herencia del gobierno de Cristina Fernández (ex presidenta y actual senadora argentina, quien fue procesada por supuestamente liderar una banda que recaudó dinero de empresarios a cambio de otorgar contratos de obras públicas).

Un año antes, el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, había descartado la posibilidad de pedir ayuda al organismo.

Las exigencias Fondo Monetario Internacional 

Desde los años 50, Argentina ha solicitado ayuda al FMI, cinco veces. Primero en 1958, luego en 1976, en 1989, en 2001 y ahora en 2018. En todas, se han presentado severas crisis económicas.

En los años 90, bajo el gobierno de Carlos Menem, el déficit volvió a ser crítico, motivo de una política económica de apertura y dependencia del financiamiento externo, razón por la cual el presidente Fernando de la Rúa acudió al FMI. A razón de los duros ajustes económicos que conllevó el rescate por el fondo, en 2001 ocurrió la gran crisis que trajo consigo el famoso “Corralito”.

El llamado Corralito, fue una medida impuesta a principios de diciembre por de La Rúa, con la cual trató de evitar la salida de dinero de Argentina. Gracias a ésta, ninguna persona podía retirar del banco más de 250 pesos a la semana, en otras palabras, los argentinos tenían que sobrevivir con 250 pesos semanales. Cabe señalar que, a diferencia de ahora, en aquella época no existían las apps bancarias para realizar trasferencias y la mayoría de los pagos como el de la luz, gas, electricidad y otros, se tenían hacer de contado.

Un corralito en pleno 2018 no suena tan desquiciado para muchos, si Argentina regresa a depender del FMI.

Aunque dicho fondo declara proporcionar respaldo financiero a los países afectados por crisis con el fin de restablecer la estabilidad y el crecimiento económico, lo cierto es que, como todo préstamo, el apoyo viene condicionado.

En el apartado La condicionalidad del FMI, éste señala:

“Antes de que el FMI pueda conceder un préstamo a un país, el gobierno de este país y el FMI han de ponerse de acuerdo con respecto a un programa de políticas económicas. Los compromisos asumidos por un país de adoptar determinadas medidas de política —conocidos como condicionalidad de política económica— son, en la mayoría de los casos, un elemento esencial de los préstamos del FMI.”

Según, el Fondo Monetario Internacional, generalmente, el saneamiento de la situación económica y financiera de un país garantiza que pueda pagar la deuda al FMI, permitiendo que otros países repitan el ciclo y puedan acceder a dicho financiamiento.

Pese a esto, en la vida real, el condicionamiento mediante el asesoramiento para crear políticas económicas no siempre fomenta la estabilidad económica ni previenen las crisis, sino todo lo contrario.

Por poner un ejemplo, en 1976, Egipto negoció un crédito de 450 millones de dólares con el Fondo a cambio de cortar apoyo a bienes y subsidios, en particular a alimentos y combustibles. Como recomendación del FMI, el gobierno egipcio otorgó subsidios sólo a la gente en situación de “pobreza extrema”, provocando que décadas después, la clase media, la cual perdió la seguridad social y el cobijo del Estado de bienestar, empezara a inconformarse mediante revueltas e insurrecciones.

En Egipto y en otros países, la presión del FMI ha limitado la capacidad de intervención de los gobiernos generando políticas económicas neoliberales que volvieron vulnerables a los Estados y que generaron el escenario perfecto para el estallido de la Primavera Árabe en 2011.

¿Qué va a pasar ahora?

Bajo el escenario de una pronosticada inflación del 40% para finales del 2018, un estancamiento económico, volatilidad del peso argentino y desconfianza en los mercados en el programa económico del presidente, a mitad de semana Lagarde y el ministro argentino Dujovne, anunciaron desde el consulado argentino en Nueva York un nuevo acuerdo entre el gobierno y el FMI, 13.400 millones de dólares para 2018 y 22.800 millones de dólares para el 2019.

Para la oposición y algunos economistas, la situación actual del país es culpa del gobierno macrista y ven al nuevo acuerdo como un desacierto. Sin embargo, Mauricio Macri acaba de tener su primer acierto en el camino a la relección de 2019.

Fuente: Bloomberg

Aprovechando su [todavía] buena imagen a nivel internacional, en entrevista con la cadena de noticias Bloomberg, Macri declaró: “I am ready to run”, mientras afirmaba que su país no caería en default, es decir, que no habría posibilidad de no pagar.

Hasta ahora, el presidente Macri ha jugado bien sus cartas, fue al Fondo Monetario para restablecer la credibilidad perdida en su programa económico, esperando así le alcance, primero, para convencer a la oposición peronista de aprobar en el Congreso el presupuesto del 2019, con los detalles del ajuste que obligatoriamente tendrá que hacer Argentina. Segundo, Macri depende de que la nueva inyección de capital le ayude no sólo a su país sino a su campaña de reelección, para poder seguir en el poder hasta 2023.