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Dieciséis días antes de abandonar la Casa Blanca y a tan solo dos días del mitin que culminaría en la toma del Capitolio derivando una crisis política sin precedentes en EEUU, la administración Trump asestó otro triunfo en su política exterior enfocada a Medio Oriente y que desde 2017, ha estado a cargo de su yerno y consejero, Jared Kushner.

Después de más de 3 años, el Reino de Arabia Saudita terminó con el bloqueo impuesto por tierra, mar y aire al país vecino de Qatar.

Desde el 5 de junio del 2017, el príncipe heredero Mohammad bin Salman (MBS), lideró un boicot a la monarquía qatarí de los Al Thani, al que se sumaron países del Golfo Pérsico como Emiratos Árabes Unidos y Bahréin, y otros como Egipto. 

Si bien es cierto, detrás de la culminación –de facto– desde el primer lunes de este año del bloqueo impuesto por Arabia Saudita -pero de iure– el martes 05 de junio, con la firma de un “acuerdo de solidaridad y estabilidad en la región” en la 41ª Cumbre del Consejo de Cooperación para los Estados Árabes del Golfo (coloquialmente GCC) en la ciudad saudí de Al-Ula, se encontró la mediación insistente de la Casa Blanca junto con la diplomacia kuwaití, la firma del acuerdo al que también se sumaron otros países del GCC inmersos en el conflicto, está más relacionado al cambio de Administración del 20 de enero en Estados Unidos.

Ante la mala imagen internacional que goza la monarquía Saudita justificada -correctamente- en las violaciones a los derechos humanos cometidas por el Estado y por el reciente asesinato del periodista del The Washington Post, Jamal Khashoggi ocurrido en la Embajada de dicho país ubicada en Estambul, Turquía el 02 de octubre del 2018 y orquestada por el Príncipe heredero, MBS, según investigaciones de la CIA.

Riad intenta acercarse a la nueva administración estadounidense mostrándose como un país aliado con quien se puede establecer relaciones y negociaciones y, el fin del bloqueo a Qatar -aliado de Estados Unidos, sobre todo, al albergar la base militar de Al Udeid, la más grande del país norteamericano en Medio Oriente- es la prueba.

El cese de hostilidades no significa el fin de la crisis en el Golfo, sino todo lo contrario; el restablecimiento de relaciones con Qatar no implicó que este país cumpliera con alguna de las 13 demandas que en 2017 los países implicados del GCC le pedían cumplir para cesar con el conflicto, lo que quiere decir, que se abren nuevos frentes sobre todo ante la desconfianza de Emiratos Árabes Unidos hacia Qatar debido a su estrecha relación con los principales rivales de las monarquías petroleras, Irán y Turquía. Para Qatar, el fin del bloqueo significa intentar volver a confiar en sus vecinos, mismos que expulsaron a sus connacionales de sus territorios y le impusieron sanciones políticas y económicas durante más de 3 años.